Niños

Es más común sacarlas durante la infancia, con el fin de tratar problemas como infecciones repetitivas, ronquidos o apneas de sueño.


Las amígdalas y las adenoides son órganos que forman parte de los mecanismos de defensa de las vías respiratorias. Participan en el proceso de detección de los gérmenes que ingresan por la boca y la nariz, y alertan al resto del sistema inmune de su presencia, favoreciendo la producción de anticuerpos específicos contra ellos.

Al extirpar las amígdalas y las adenoides, este “filtro” no se pierde, ya que existen otros órganos en la misma zona, como las amígdalas tubarias y linguales, que cumplen la misma función. Por esto, sacar las amígdalas no hace que los niños sean más propensos a contraer otras enfermedades, como faringitis, laringitis u otras infecciones respiratorias; eso es un mito.

“Esta cirugía se indica con más frecuencia en niños que en adultos, principalmente cuando hay un crecimiento excesivo de las amígdalas que obstruye la vía aérea generando ronquidos, y en los casos más severos apneas obstructivas, durante el sueño. Otra indicación para la cirugía es la presencia de infecciones bacterianas repetitivas que aumentan el riesgo de complicaciones”, explica el Dr. Alvaro Pacheco, otorrinolaringólogo pediátrico de Clínica INDISA.

La cirugía es muy sencilla, dura alrededor de 30 minutos y en la mayoría de los casos es ambulatoria, requiriendo solo observación durante seis horas en la clínica. El período posoperatorio dura unos siete días, durante los cuales el paciente debe ingerir comida blanda para disminuir el dolor al alimentarse y evitar el daño de la herida operatoria que podría producir una hemorragia.

Noticias Relacionadas
Noticias Relacionadas

SUSCRIBETE A NUESTRO NEWSLETTER