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Menopausia

Se entiende por menopausia el cese de las menstruaciones, lo que ocurre, en promedio, a partir de los 50 años. Esto se debe a que el ovario deja de producir algunas hormonas, como estrógenos,  andrógenos y progesterona.

El período alrededor de la menopausia se denomina perimenopausia y dura entre 4 y 5 años (entre los 45 y los 55 años aproximadamente) y durante él se manifiestan los síntomas climatéricos.

La expectativa de vida en la mujer chilena es de cerca 83 años y, por lo tanto, las consecuencias de este déficit hormonal se van a manifestar al corto, mediano y largo plazo.

A corto plazo con síntomas vasomotores:

Lo más frecuente son los bochornos o sofocos, que se presentan en un 75% a 80% de las mujeres durante los 2 primeros años y es el motivo principal de consulta. Sin embargo, un 25% permanece sintomática luego de 5 años. También están las sudoraciones nocturnas y el insomnio. A lo anterior se suman los cambios de ánimo, la irritabilidad y la depresión, que afectan la vida diaria en forma importante a un 30% a 40% de las mujeres y en un grado menor al doble de ese porcentaje (60% a 70%).

A mediano plazo con signos y síntomas urogenitales:

A nivel vaginal se produce atrofia en un 50% a 60% de las mujeres luego de 4 años; se manifiesta con prurito (picazón) y ardor, sequedad e irritación, lo que trae como consecuencias dispareunia (dolor coital) y a veces sangrado. Más alejadamente puede llegar al prolapso genital.

A nivel urinario se puede manifestar con dolor y ardor miccional, aumento de la frecuencia miccional, cistitis e infecciones urinarias más recurrentes. En menor medida, se puede presentar una incontinencia urinaria (escape de orina involuntaria) en un 20% a 35% de las mujeres.

A largo plazo:

El déficit hormonal puede llevar a manifestaciones de enfermedades, particularmente cardiovasculares, óseas (osteoporosis) y declinación cognitiva (Alzheimer), entre otras.

Los aspectos psíquicos y sociales son variados e individuales. Existe temor a envejecer, pérdida de autoestima e inestabilidad conyugal, que en muchos casos, sumado a los síntomas vaginales, se traducen en problemas de relación de pareja y de sexualidad.

Se manifiesta también falta de concentración, cansancio, depresión, ansiedad, cefalea, disminución de libido y coexistencia de enfermedades crónicas, entre otros.

En resumen, el aumento de la expectativa de vida lleva a un déficit hormonal de larga duración que se traduce en disminución de la calidad de vida.

Terapia de Reemplazo Hormonal y calidad de vida

Las hormonas participan, entre otras acciones, en varios procesos del organismo, como la fijación del calcio en los huesos, para evitar la osteoporosis; la regulación de la cantidad de grasa en el abdomen, causante de enfermedades cardiovasculares; la función cerebral cognitiva, cuyo deterioro puede provocar Alzheimer; el ajuste de la cantidad de líquido en los tejidos, que en exceso produce una molesta hinchazón; y el mantenimiento de la libido, cuya baja produce un deterioro en la actividad sexual.

Otros síntomas que se manifiestan en el climaterio, producto de la disminución de estas hormonas, son bochornos o sofocos, insomnio, cambios de ánimo, problemas urinarios y vaginales, cefaleas, cansancio y ansiedad.

La Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH) tiene como objetivo mejorar la calidad de vida y prevenir enfermedades derivadas del déficit hormonal. El manejo del climaterio se hace aún más relevante cuando se considera que la expectativa de vida de la mujer chilena se aproxima a los 83 años y hoy existen los medios para mantenerse en óptimas condiciones.

La TRH consiste en la suplementación de hormonas, ya sea de forma oral o cutánea (parches o gel), en forma individualizada y recetada por un médico especialista. La selección entre uno y otro depende de las diferencias de las pacientes y su historial clínico. Se recomienda la vía cutánea en mujeres con daños hepáticos o hipertensas, para evitar el paso de esta hormona por el hígado, donde puede generar efectos no deseables. La principal duda que presentan las pacientes para iniciar un tratamiento, es el temor de que la TRH aumenta los riesgos de padecer un cáncer uterino o mamario, lo que no es real.

La idea se difunde por un estudio publicado en 2002 conocido como WHI, que indicaba que el uso de ciertas hormonas aumentaba el riesgo de cáncer de mama, así como también de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, se hacía referencia a un sólo tipo de preparado, pero con otras combinaciones de hormonas (estrógenos, progestinas, tibolona), los resultados son beneficiosos a nivel coronario y no aumentan el riesgo de cáncer de mama.

Hoy en día hay consenso de que con la TRH iniciada precozmente los riesgos son mínimos en relación a los beneficios, siempre que los estrógenos sean combinados con una progestina adecuada y se realice una evaluación caso a caso. También se deben cumplir los controles periódicos, que, por lo general, se recomiendan una vez al año en una paciente que ya inició la terapia sin complicaciones. El riesgo de cáncer mamario de una mujer es prácticamente el mismo que pudo tener antes del tratamiento, y si bien no se interrumpe el envejecimiento, se restituye su calidad de vida anterior al climaterio.

El enfoque de tratamiento de una mujer con estas características debe ser en forma holística y ojalá por un equipo multidisciplinario cuando se requiera, de tal forma que la mujer que se encuentra rodeada por un “círculo interno”, como es la familia, y por un “círculo externo”, como la sociedad, pueda tener una calidad de vida óptima.

Sin embargo, el manejo global (holístico) no sólo requiere de hormonas, sino de un estilo de vida saludable (alimentación, ejercicios, actividades recreativas, etc.), prevención de enfermedades, tratamiento de éstas y sus eventuales complicaciones.

Es importante recalcar que toda mujer debe ser evaluada en forma individual ponderando beneficios en relación a los riesgos para cada una en particular, bajo un control médico estricto y periódico.

Colaboración: Dr. Luis Cruzat Triantafilo, Ginecología  Obstetricia
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