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“No me quería morir por ser gordo”


“No me quería morir por ser gordo”


Pablo Mejías (50 años) es director de Pastoral de un colegio en Providencia, y siempre ha dedicado su vida a Dios. Hace un año pesaba más de 100 kilos, tenía hipertensión y diabetes, además su glucosa ya estaba glicosilada, lo cual puede provocar ceguera o afectar algún órgano vital, como los pulmones.

“Me operé por salud, no por estética. Tenía una diabetes muy alta, ya cualquier cosa se me transformaba en infección y terminaba en la clínica, no quería morir por eso, tenía miedo. Además, el doctor fue muy certero, me dijo las cosas como son, sin anestesia”, cuenta Pablo.

Hace más de siete meses se sometió a un bypass gástrico y bajó más de 30 kilos. Hoy es un hombre sano. Bajó 10 tallas y hasta los zapatos le quedaron sueltos, tuvo que cambiar el closet completo. “El cambio ha sido notable, estoy más ágil, con más ánimo, duermo mejor, ya no me cuesta tanto desplazarme. Antes hasta encontrar ropa era un tremendo problema”, señala.

“Se trata de una cirugía mínimamente invasiva que consiste en seccionar el estómago y unirlo al intestino, dejándolo de un largo de 120 a 150 cm sin absorción, lo que asegura una baja de peso por la restricción y mala absorción de alimentos”, explica el Dr. Alberto Pérez-Castilla, jefe del programa de Cirugía Bariátrica de Clínica INDISA.

Pablo tuvo una infancia normal, se puso a engordar en la adultez, a los 35 años, cuando se fue a estudiar un magíster en Teología a Estados Unidos, donde tenía malos hábitos alimenticios y una vida muy sedentaria. Hoy aprendió a comer en menos cantidad, dejó las bebidas gaseosas y hace actividad física en forma regular.

“Ser gordo era limitante, duermes poco, te cuesta abrocharte los zapatos, no puedes levantar la pierna al sentarte, hasta usar asiento en el metro es complicado”, cuenta.

El motivo por el que alguien se opera es clave para tener buenos resultados, ya que “no basta con la operación, la cirugía no es magia. Hay que hacer un cambio de hábitos profundo y para lograrlo, hay que estar dispuesto a hacerlo. Para eso contamos con un equipo multidisciplinario con psiquiatras, psicólogos y orientadores familiares”, señala el Dr. Pérez-Castilla.


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