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Cómo vivir con quien sufre de Parkinson

El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa, clasificada como un trastorno del movimiento, que en más del 80% de los casos presenta temblor en reposo, imposibilitando hacer varias actividades comunes de la vida diaria. Por esta razón, quienes padecen este mal también sufren de depresión, ansiedad, apatía y trastornos del sueño. Para ellos, la contención emocional es fundamental, ya que otorga numerosos beneficios.

Lamentablemente, esta enfermedad hace que el paciente sea dependiente de otras personas. Cuando éste vive con su cónyuge o solo es más difícil, pues no existe una red de soporte familiar adecuada para suplir sus necesidades. En estos casos es indispensable que la familia se acerque para apoyar y ayudar. Si no hay familiares se puede acudir a grupos de ayuda. 

Cuando el paciente vive en el contexto de una familia extendida, con personas menores y con más energía, es necesario que se asuma el cuidado que él requiere, pero que también se cuide a cada uno de los integrantes, ya que es frecuente el estrés emocional en los cuidadores e incide en el resto de la familia y, por supuesto, en el afectado.

En el hogar, cambios tan sencillos como poner barandas en pasillos y baños pueden prevenir caídas. Evitar las alfombras y, si las hay, que sean adherentes; poner protecciones en los bordes cortantes de los muebles; instalar rampas cuando existen desniveles; que la tina de baño sea adecuada a la movilidad del paciente; y preocupaciones como usar sábanas suaves para facilitar la movilidad en la cama, son pequeños detalles que cambian enormemente la calidad de vida de quien padece de Parkinson.

Para el Dr. Roque Villagra, neurólogo de Clínica INDISA, “el punto más importante es estimular toda la independencia que el paciente pueda asumir; dejar que el paciente, aun con sus dificultades y lentitud, se haga cargo de labores del hogar, que sean apropiadas a sus facultades. Hay que ser comprensivo y no avergonzar al paciente. En resumen, estimular toda la autonomía que el paciente pueda ejercer”.

Además, para mantener al paciente activo, el Dr. Villagra recomienda diseñar una rutina de ejercicios acorde a sus capacidades  y condiciones. El yoga, tai chi y pilates son buenos para practicarlos dentro del hogar y permiten mantener la flexibilidad del cuerpo. Hay que recordar que el ejercicio físico no sólo ayuda al cuerpo, sino que también previene el deterioro intelectual y es un excelente antidepresivo.

Es importante estimular en el paciente la capacidad de trasladarse dentro y fuera de la casa, promover su participación en las reuniones familiares y darle responsabilidades que pueda asumir.

El Parkinson, como la mayoría de las enfermedades crónicas, no tiene cura, pero sí un buen tratamiento que permite normalizar la expectativa de vida y mejorar el pronóstico funcional.

Este mal no es hereditario. En las personas mayores de 60 años, la posibilidad de adquirir la enfermedad si existen familiares directos afectados es de un 2% más en comparación al resto de la población.

Hace 17 años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el 11 de abril, día en que nació el médico británico James Parkinson, como el Día Mundial de esta enfermedad, con el fin de generar conciencia de las necesidades de quienes sufren de esta dolencia.

Colaboración: Dr. Roque Villagra, neurólogo de Clínica INDISA.
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