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“La edad del pavo”: de niños a adultos


“La edad del pavo”: de niños a adultos


La pubertad es un proceso lleno de cambios psicológicos y físicos. El comienzo en las niñas es entre los 8 y los 13 años y en los niños entre los 9 y 14 años y la edad de inicio puede variar según las características familiares, nutricionales y étnicas.

En ambos sexos, la “edad del pavo” dura aproximadamente 5 años, completándose el desarrollo alrededor de los 16 años en las mujeres y 18 años en los hombres.

La etapa de la adolescencia es gradual. La Dra. Elisa Millar, endocrinóloga de Clínica INDISA, detalla que “es la edad en que el niño se prepara para ser adulto, adquiere progresivamente más autonomía e independencia y desarrolla su individualidad”.

Dentro de los cambios físicos se evidencia el crecimiento de vellos, la aparición de acné, el cambio en el tono de voz y el aumento de tamaño de genitales en los hombres. En las mujeres, el desarrollo mamario, la menstruación, entre otros.

Este crecimiento viene acompañado con estirón de brazos y piernas, también por aspectos emocionales que cambian hasta el humor de los chicos. Por eso, según advierte la especialista, es común que los adolescentes “sientan cada vez más la necesidad de alejarse de sus padres y acercarse a su grupo de pares”, mostrando así comportamientos inusuales o faltas de respeto hacia la autoridad.

Finalmente, este cambio en los jóvenes genera una nueva dinámica familiar, ya que “los padres deben ser comprensivos y entender que este es un proceso natural, pero a la vez no dejar que los cambios de humor y actitud rebelde, cambien la relación entre ellos”.

La Dra. Millar entrega los siguientes consejos para los padres:

Ambos deben estar tranquilos ante este proceso natural.
Explicar los cambios como algo natural. Enseñar a las mujeres lo que deben esperar con la menstruación y a los hombres lo que empiezan a sentir y ver en su zona genital.
Ser parte de las soluciones que pueden aliviar los cambios. Por ejemplo, llevarlos al dermatólogo por problemas de acné.
Conversar con los hijos para llegar a un equilibrio y establecer límites.