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"Ahora tenemos a Emiliano aquí con nosotros, estamos realmente felices y agradecidos"


Familia de Ferari González:"Ahora tenemos a Emiliano aquí con nosotros, estamos realmente felices y agradecidos"


Emiliano de Ferari González vivió lo que ningún niño debería vivir. Con casi ocho meses de vida tuvo que luchar contra un tumor de crecimiento agresivo en su rostro, el cual estaba comprometiendo a pasos agigantados su frente, ojo derecho y boca.

Todo partió un 12 de octubre de 2018, en la ciudad de Los Andes, Región de Valparaíso, cuando Dennise González y Sandrino de Ferari, padres de Emiliano, notaron que su pequeño hijo tenía una mejilla inflamada, por lo que solicitaron una hora con el pediatra local. “Nos hicieron las preguntas de rutina, como por ejemplo, si había sufrido algún golpe, pero ese no era el caso, pues no había pasado nada extraño”, cuenta el padre.

En una semana la inflamación era tan evidente, que el mismo doctor de Los Andes les sugirió realizar una ecotomografía. En el examen encontraron un cuerpo sólido impreciso. “Nos sentíamos preocupados y pendientes de nuestro hijo, pero la verdad, no queríamos pensar que era algo malo, sino más bien que era sencillo”, recuerda Sandrino de Ferari, a meses de vivir esa pesadilla.

El diagnóstico

Dennise y Sandrino estaban pasando por un momento de incertidumbre y frustración, el que empeoró tras un falso diagnóstico de cáncer, teniendo que trasladarlo a Viña del Mar en busca de tratamiento. Allí, le hicieron una nueva ronda de exámenes y los resultados indicaron que aquello que crecía en la carita de Emiliano era un tumor Fascitis Craneal o Nodular.

“Este es un tumor que, si bien no es cancerígeno, es súper agresivo, invasivo, de crecimiento rápido e impredecible”, explica el Dr. Gonzalo Rossel, cirujano de cuello y cabeza de Clínica INDISA, quien finalmente por cosas del destino y la tecnología, llegó a ser el médico tratante de Emiliano.

“Nosotros estábamos desesperados, veíamos cómo nuestro hijo iba perdiendo fuerzas, le costaba respirar, ya no quería comer y nadie hacía nada. Por esto, el 25 de diciembre, decidimos hacer un video para Facebook, pidiendo ayuda para salvar a nuestro hijo y así fue que el Dr. Rossel se contactó con nosotros”, cuenta la pareja.

"Miré el video y los contacté por interno para ofrecer mi ayuda. Luego de tomar conocimiento de los detalles, ¡tenía que hacer algo, no me podía quedar de brazos cruzados! Con la agresividad con la que crecía el tumor, sabía que a Emiliano no le quedaba mucho tiempo", explica el especialista, quien recibió personalmente en Santiago a esta familia.

“El Dr. Rossel se fue ganando nuestra confianza, nos explicó todo y dejamos en sus manos la vida de nuestro hijo”, cuentan los padres de Emiliano. El médico, por su parte, comprendía que este no era un caso fácil. "Pedí más papers y estudié muchos trabajos publicados en Europa y EE.UU., pues sabía que este era un tumor complicado y agresivo, pero que una vez que se extirpa, puede no dejar secuelas ni vuelve a crecer”.

Los primeros médicos que vieron a Emiliano les dijeron a sus padres que era muy probable que su pequeño perdería toda función muscular del costado derecho de la cara debido a las dimensiones del tumor, pero para el Dr. Rossel fue un desafío. “Me negué a eso, tengo experiencia y he operado tumores benignos, pueden ser grandes o chicos, pero no destruyen, más bien, desplazan o comprimen los tejidos y huesos. No podía dar por perdido el nervio facial antes de la cirugía".

Para lograr su objetivo, el Dr. Rossel trabajó con un equipo multidisciplinario compuesto por neurólogos y especialistas maxilofaciales. “La cirugía cabeza cuello es difícil, por lo que siempre cuando hay otros profesionales que aportan desde otros ángulos se obtienen mejores resultados. Todos tienen algo que entregar y me gusta decir que existe una red de colegas en INDISA que pueden entregar perspectivas valiosas en casos difíciles".

La espera y la sonrisa

Una vez que Emiliano entró a pabellón, los padres quedaron en la sala de espera, mirando cómo entraban y salían doctores y enfermeras, para entregar noticias a otras familias.

“Fue angustioso y se sintió más larga la espera de lo que realmente fue. Me imaginaba los peores escenarios, porque sabía que existía la posibilidad de que mi hijo perdiera su ojo”, explica Dennise.

Luego de seis horas de cirugía, “salió una enfermera y nos dijo que la operación había sido un éxito, que estaba todo bien y que el Dr. Rossel iba a salir a hablar con nosotros en un momento. Lloramos de felicidad y las secretarias de la Clínica, preocupadas, nos dieron agua para que nos sintiéramos más tranquilos”, recuerda la madre.

Sin embargo, las horas siguientes fueron cruciales para saber si el pequeño tendría consecuencias en la movilidad de algún músculo facial. "Al día siguiente, cuando veo a Emiliano llorar y noto que toda su cara se mueve, fue una felicidad inmensa. Esa sonrisa, es el mejor pago que se puede tener después de todo el esfuerzo de estudio, posponer los planes familiares, horas de cirugía, todo vale la pena por ese pequeño riendo y que está bien”.

“Mi hijo volvió a la vida, ahora come sin molestias y respira de manera normal. El apoyo del equipo médico fue increíble. Al niño lo iban a ver a cada momento. Emiliano no sufrió nada en INDISA. Yo me quedaba todas las noches con él y podía estar 24 horas con mi hijo", cuenta la madre.

Luego de unos días de observación, Emiliano fue dado de alta y volvió a su casa en Los Andes con su familia. Ahora disfruta de jugar con sus hermanos, ríe con su abuelita y sigue creciendo con el cariño de sus padres, entregando todos los días una nueva sonrisa.