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Mamá de bebé prematuro:
“Nunca sentí que estuviera en una clínica. Las matronas y las enfermeras me hacían sentir en casa, como si fueran mi familia”


Mamá de bebé prematuro:


Catherine Rojas, cuyo hijo Máximo nació prematuramente, vivió más de tres meses en la Maternidad de Clínica INDISA debido a una ruptura membrana a las 19 semanas de embarazo. Hoy, nos cuenta su historia y cómo gracias al equipo médico y al apoyo del staff multidisciplinario logró mantenerse positiva y luchar por la salud de su hijo.

La mañana del 1 de julio de 2018, Catherine Rojas se despertó y notó que pasaba algo extraño. A sus 19 semanas de embarazo, sintió que perdía líquido entre las piernas y no sabía a qué atribuirlo. Llamó a su ginecólogo, el Dr. Víctor Rubio, y le explicó lo que le estaba pasando. El médico le pidió que se fuera a Clínica INDISA para corroborar que todo estuviera bien. “Yo, primero, hice un par de cosas en la casa; de hecho, me tomé mi tiempo, porque no pensé que fuera algo importante, pensé que era algo del embarazo. Yo, la verdad, no me acordaba de mi primer embarazo, han pasado 10 años, entonces este era como si fuera la primera vez”, explica Catherine.

Un par de horas más tarde llegó a la Clínica, ingresó rápidamente y le hicieron exámenes. El resultado: había ruptura de membrana. “Yo, dentro de todas las patologías del embarazo que conocía, nunca había escuchado de la ruptura de membrana. Entonces, cuando me dijeron que me tenía que quedar internada porque tenía poco líquido amniótico no entendía nada. Luego, llegó el Dr. Rubio, me explicó lo que pasada y me pude quedar más tranquila”, añade.

“La membrana amniótica es un saco cerrado compuesto por líquido amniótico, por el feto y por la placenta. Es importante, ya que se encarga de rodear al feto, protegiéndolo de virus y bacterias; y también es un elemento vital para el desarrollo de los pulmones del feto. Cuando el bebé nace antes de las 22 semanas, es muy difícil que sus pulmones estén maduros para respirar, por eso teníamos que intentar mantenerlo con su madre el mayor tiempo posible y libre de infecciones que pudieran ingresar al saco”, puntualiza el Dr. Víctor Rubio.

Por esta razón, Catherine tuvo que permanecer internada hasta la semana 22 de su embarazo, recibiendo antibióticos intravenosos; tomando cinco litros de agua diaria, ya que perdía líquido constantemente, y con exámenes de sangre dos veces por semana para descartar riesgo de infección. “Tenía explicaciones en la mañana, en la tarde y en la noche. Las matronas que me cuidaron me dieron un gran apoyo, las enfermeras también. Ellas pasaban varias veces en el día a tomarme la presión, me animaban y me contaban de otras historias de bebés que habían salido adelante con el mismo problema”, recuerda.

La semana 23 le dieron el alta, estuvo durante una semana en su casa y volvió con un cupo en Maternidad y Neonatología. Desde ese momento, en cualquier minuto podría haber nacido su hijo. “Cuando ya estaba en la Clínica, la semana 24, tuve un episodio en que comencé a botar líquido sanguinolento. Yo pensé que se me estaba cayendo el bebé, estaba súper asustada. Pero gracias al equipo médico, pude recuperar la calma y esperar a que Máximo naciera cuando tenía que nacer”, agrega.

Catherine se quedó en la Clínica junto a un staff multidisciplinario que monitoreaba su evolución. La máxima preocupación era que los pulmones de su hijo estuvieran maduros al momento de nacer, para poder expandirse y respirar sin problemas.

“Era una espera complicada, pero las matronas y las enfermeras que estaban conmigo me hacían sentir en casa, como si ellas fueran mi familia. Compartían sus vidas conmigo, se preocupaban y me explicaban con más detalle las cosas que el doctor me decía. Nunca pensé que iba a vivir esto, pero acá me dieron todo el apoyo psicológico”, comenta esta madre de 26 años.

A pesar de lo que significó vivir un embarazo diferente, siempre se mantuvo positiva y con fe ciega en que todo iba a salir bien. Estaba confiada en los procedimientos del equipo médico. “Llegando la semana 34, teníamos planificado sacar al bebé, ya que el riesgo de infección era muy alto. Estábamos preparados para tratarlo, junto a nuestro equipo multidisciplinario, con lo que él necesitara, pero afortunadamente sus pulmones estaban bien y solo necesito un poco de ayuda con oxígeno por cuatro días”, recuerda el Dr. Rubio.

Máximo nació el 8 de septiembre, sin complicaciones. Hoy, está en la unidad de Neonatología de Clínica INDISA, donde monitorean su positiva evolución y no ha presentando apnea ni problemas cardíacos, lo que es muy positivo para un bebé prematuro.

“Mi bebé ha engordado mucho, está creciendo sano, ya no tiene cara de bebé prematuro y se porta súper bien. Lo único que le falta es aumentar su capacidad de succión, pero eso es solo un tema de maduración. Actualmente, él está tomando 15 cc por chupete y tiene que tomar 53 cc para poder irse de alta”, comenta con alegría Catherine, quien visita a Máximo todos los días desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche.

En su recorrido diario, pasa a ver a las matronas, a la nutricionista y al equipo médico que estuvo con ella durante todo su paso por la Clínica, a quienes agradece eternamente por el apoyo que le brindaron. “En la Clínica, frente a cualquier episodio que sea complicado, incluso si necesitas contención, la gente es súper empática y está dispuesta a ayudarte. Nunca sentí que estuviera en una clínica. Son super humanos y muy preocupados. Yo me encontré con personas súper humanas”, dice con una sonrisa Catherine.

Para la mamá de Máximo, la espera está terminando. Luego de casi cuatro meses y medio, es probable que den de alta a su hijo antes de las 38 semanas, lo que la tiene feliz, ya que podrá llevarlo a su casa y cuidar de él.