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“El recibir la dura noticia de padecer diabetes se endulzó con la vida de Cristóbal”


“El recibir la dura noticia de padecer diabetes 
se endulzó con la vida de Cristóbal”


Edgardo Véliz todavía recuerda cuando su esposa, Pía Ogno, le anunció con una nota la llegada de su primer hijo, Lucas: “Fue uno de esos momentos donde el tiempo se detiene; nuestro hijo venía en camino y vivimos un momento de gran felicidad. Nuestra familia comenzaba a agrandarse”.

Pero en la ecografía de los tres meses, la pareja recibió una de las noticias que ningún padre quiere escuchar: su bebé venía con una enfermedad que le daba bajas posibilidades de vivir luego de nacer. Sin embargo, ambos decidieron seguir adelante con la vida de Lucas hasta que fuera su momento de partir. “Fuimos muy afortunados de que nos regalara 11 días luego de nacer. Pudimos llevarlo a casa y entregarle nuestro amor”, explica Edgardo.

Al tiempo de la partida de Lucas, el matrimonio decidió volver a intentar y agrandar la familia. Probaron distintos tipos de tratamientos de fertilidad, pero nada entregó resultado, y el camino de la adopción tampoco dio frutos.

“Llegó un momento en que nos entregamos y dejamos de seguir buscando la paternidad, solo quedamos abiertos a algún milagro. Habían sido cinco años muy intensos”, reconoce.

Fue allí cuando en octubre de 2018, Edgardo se empezó a sentir extraño: “Tenía más sueño de lo normal, llegaba de la oficina a la casa a comer mucho y me dormía de inmediato”, recuerda. Y un día perdió la sensibilidad del índice de la mano derecha y luego este dolor se repitió en su mano izquierda.

“Fui a visitar a un neurólogo que me mandó a hacer varios exámenes, los que indicaron que era diabetes. Decidí ir a urgencias de la Clínica INDISA, ya que uno de los resultados estaba totalmente fuera del rango. Los triglicéridos estaban en 2.400 cuando lo normal son menos de 150. Ahí fue cuando me internaron”, relata.

Los triglicéridos son partículas de grasa que se encuentran en el torrente sanguíneo y se forman a partir de los hidratos de carbono y azúcares. “Tener los triglicéridos así de altos puede causar una pancreatitis, es decir, una inflamación grave al páncreas, lo cual es un cuadro grave y se tiene que hospitalizar al paciente”, puntualiza el Dr. Schwartstein, que trata a Edgardo por su diabetes.

El tipo de diabetes que presentaba Edgardo Véliz es tipo 2, también conocida como no insulino dependiente, que puede ser causada por factores como el sobrepeso, la vida sedentaria o antecedentes familiares, agrega el Dr. Schwartstein.

Luego de diez días internado, dieron de alta a Edgardo y su vida cambió del cielo a la tierra. “Comencé a instruirme sobre la diabetes y la importancia de llevar una alimentación sana. El Dr. Schwartstein me explicó la enfermedad y cómo controlarla. Ya en un par de semanas, junto a Pía, quien me acompañó en todo el proceso, empezamos a notar cambios en nuestro organismo. En lo personal, el sueño y el cansancio habían desaparecido y comencé a recuperar mi concentración habitual”, cuenta.

Luego de todos los desafíos que había vivido este matrimonio, los planes de agrandar la familia ya habían pasado a segundo plano; sin embargo, todavía quedaba una sorpresa.

“Se acercaba la Navidad y ya llevábamos dos meses viviendo una dieta más sana. Allí fue cuando Pía comenzó a presentar síntomas de embarazo. Al comienzo había mucha incredulidad después de todo lo que habíamos vivido. En un momento ya no esperamos más y lo confirmamos con un test de embarazo”, señala Edgardo.

Factores como el sobrepeso y la vida sedentaria afectan directamente la fertilidad. Al modificar su estilo de vida, el matrimonio facilitó el embarazo. Cristóbal, su segundo hijo, nació sin problemas y se encuentra saludable y feliz.

El recibir la dura noticia de padecer diabetes se endulzó con la vida de Cristóbal, ya que de no haber descubierto la enfermedad no podrían haber sido padres. “Sin duda damos gracias por recibir la bendición de la vida nuevamente y, por otra parte, agradecer al Dr. Schwartstein por su profesionalismo y asistencia”, concluye Edgardo Véliz.